[Inicio aquí una serie de notas sobre libros, nunca de una extensión superior a 400 palabras, sin valor crítico pero tal vez con valor práctico para algún lector que, como yo, busque sinceridad en las opiniones.]
Tengo un problema con esta novela. Tiene una gran prestigio, muy buenas críticas y, según parece, la opinión mayoritaria es que se trata de un libro excelente, escrito con lucidez y maestría técnica.
Mi problema es que no estoy de acuerdo.
Creo que, efectivamente, Crematorio tiene muchos aciertos estilísticos y técnicos. El gran conocimiento psicológico que Chirbes despliega en cada capítulo es asombroso, con una buena adaptación del contenido a cada personaje y punto de vista. El título me parece muy acertado porque el libro es una cremación: todo acaba quemado y convertido en cenizas bajo la mirada aniquiladora de sus personajes. Por momentos, esta demostración crematoria resulta brillante, cegadora.
Pero esta novela es una apuesta radical, y tal vez por ello sus aciertos y virtudes acaban también convirtiéndose en sus defectos. El estilo termina haciéndose cargante, aburrido, sentencioso. Aunque se adapta el contenido de cada capítulo al personaje que habla, todos ellos se expresan del mismo modo. Se aplica la misma fórmula a todos ellos. Y eso los despersonaliza, en lugar de personajes acaban pareciendo excusas para soltar frases grandilocuentes sobre el arte, la vida, la política… Como ejercicio, resulta extenuante para esta lectora.
Por otro lado, la ceremonia crematoria a la que somete a sus personajes desde la primera a la última página parece, también, un malabarismo forzado. Se regodea con gusto en el fracaso, la pérdida, el cinismo, la absoluta falta de esperanza de estos desgraciados personajes. Si no nos gusta el recurso sentimentaloide, lo cursi, tampoco nos gusta el morboso chapotear en el fango del nihilismo gratuito.
¿Lucidez? Pienso que no lo es. Es, sí, la propuesta radical de la que hablaba antes. ¿Qué efecto produce? Un cierto desinterés que va creciendo después de la sorpresa inicial que produce el estilo; alejamiento de los personajes o, incluso, rechazo.
He aquí las razones por las que tengo un problema con esta novela: me gusta su prosa de innegable calidad literaria, pero sus pretendidas virtudes acaban convirtiéndose en defectos.
Conclusión: Rafa, aparta de mi ese cáliz (6/10).
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